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Noche Oscura en Lima - Chapter 17

Cuando volvió en sí, se halló tendido sobre una caja larga en un cuarto completamente oscuro. El cuarto no tenía ventanas. Quiso levantarse y no pudo. Tenía un fuerte dolor en la cabeza. Sentía dolor también en la mano derecha y se dió cuenta de que se había cortado con el cristal roto de la ventana. Sufría, además, en la conciencia.

¿Qué le habría sucedido a Juan Salinas? Grant sentía mucho haber metido a su amigo en este asunto. Tomás, al menos, estaba en su propia casa y en su propia cama.

No había duda. Si algo violento le había pasado a Pablo González, él mismo era victima del poder que amenazaba a su amigo. El golpe que había recibido al entrar en aquella casa demostraba bien claramente que había motivo, que no era cuestión de suerte. Recordó que el que le había pegado le había llamado "señor Grant."

Le costó trabajo levantarse, y apenas podía mantenerse en pie. Le parecía que el cuarto daba vueltas alrededor de su cabeza. Sin embargo, se puso a examinar el cuarto con las manos. Encontró una puerta, firmemente cerrada, por supuesto. Cerca de la puerta había una mesa y sobre ella varias cajas pesadas. Estas se alzaban a la altura de su cabeza. Más allá dió con un pedazo de carne colgada de la pared.

"Este cuarto," pensó Grant, "contiene las cosas de uso diario. ¡Y ahora me contiene a mí! ¿Para qué serviré yo?"

Se sentó para considerar el caso. Poco antes había creído que el golpe le había hecho mucho daño, mas ahora se sentía mucho mejor. El dolor de cabeza se iba quitando poco a poco.

De pronto se puso en pie. Había oído un ruido leve fuera de la casa. El ruido se aumentó un poco, y Grant se dió cuenta de que un automóvil salía al camino. Un momento después oyó otro ruido. Alguien se acercaba a la puerta del pequeño cuarto. En seguida la puerta se abrió y unos fuertes rayos de luz le dieron en los ojos a Grant, dejándole completamente ciego. Otra vez oyó la voz tranquila.

--Veo que Vd. se ha despertado, señor Grant. Espero que haya descansado. Ahora, tal vez, Vd. va a mostrarse generoso y va a decirme la verdad.

Poco a poco los ojos de Grant iban acostumbrándose a la luz. En la puerta había un hombre bajo, de cabeza redonda. Tenía el pelo corto y rojo, la nariz grande y más roja aún que el pelo. En la mano derecha llevaba un arma, y a su lado había un enorme perro negro.

--Siento mucho no haber tenido el honor de conocerle, Señor. . . --dijo Grant.

El hombre se echó a reir.

--Mi nombre no importa. Le aseguro que no pertenezco a la alta sociedad de Lima. Lo que importa es que Vd. me diga dónde está el mapa. Quiero decir, el mapa que le entregó el doctor González. Y no pretenda Vd. engañarme.

--No me acuerdo de ningún mapa. ¿A qué mapa se refiere Vd.?

--Le advierto, señor Grant, que no puede engañarme. Ya sabemos que era un mapa de las provincias de Arequipa y Cuzco. Sabemos también que estaba escondido en la caja que González le entregó a Vd.

--Y ahora yo sé --contestó Grant-- quién mató a mi criado Manuel Ramón.

--No se trata de un criado sino de un mapa. ¿Dónde está, señor Grant?

Grant no quiso responder, y el de la cabeza redonda continuó:

--Es posible, por supuesto, que ya lo hayamos encontrado.

Grant se acordó del ladrón que le había robado el mapa y la hoja de papel, y dijo con calma:

--Si. . . es posibie que Vds. ya lo tengan.

--Que descanse, señor --dijo el hombre, y otra vez se echó a reír. En seguida salió, cerrando la puerta con llave, y el cuarto quedó otra vez completamente a oscuras.

Pero ya se le había ocurrido a Grant una idea. Se movió lentamente hacia el sitio donde había tocado el pedazo de carne.

by Joseph W. Barlow, Kurt Steel, Edward C. Caswell
Contributed by JB